miércoles, 10 de mayo de 2017

Si te gustó 50 sombras, ni se te ocurra leer Un amor a sus pies

No, no es un truco de marketing, es una advertencia de una autora honrada. ¿Quieres saber por qué?
En apariencia, su portada te puede sugerir que tratan de lo mismo, de una historia de amor y de BDSM; pero, al contrario que ocurre con la obra ya citada, en esta novela no encontrarás trámites administrativos aburridos ni el mensaje, intrínseco y cansino, de que quien lo practica está tocado del ala o ha tenido un fuerte trauma infantil.


Una vez advertido esto, paso a enumerarte las diferencias:
El personaje masculino, Christian Grey, está forrado. Gabriel es un simple funcionario.
Grey es Amo, Gabriel es sumiso.
Grey fuerza a Anastasia, una aprendiz de sumisa bastante reticente, a cosas para las que no está preparada y así acaba la cosa en la primera entrega de la trilogía. Gabriel espera paciente a que Conchita se acepte a sí misma.
Anastasia es virgen por no sé qué motivo, la verdad, porque a los 21 años no es muy normal a no ser que haya una razón de peso y las que da la autora no convencen, aparte de ser de un ingenuo que no es normal ¿Será tonta o le faltará un hervor? Conchita también es virgen, pero no es idiota y sí tiene una buena razón para serlo: porque le ha dado la gana, básicamente.
Anastasia se pasa toda la novela intentando cambiar a Grey y viceversa. Conchita y Gabriel se aceptan como son y ninguno pretende cambiar al otro. El amor consiste en aceptar a la persona, no en convertirlo en quien quieres que sea.
La autora no tiene ni idea de lo que habla en ciertas escenas, y es una pena que le dé el impulso de escribir sobre prácticas tan morbosas y no se atreva a juguetear un poco. ¿Semen salado? ¿En serio? No es que yo sea Valerie Tasso, pero vamos, que cualquiera ha probado ciertas prácticas antes de acabar el instituto o la universidad, por Dios. Ligeramente amargo, señora James, entre mil matices y texturas más, y déjese de tanto misionero. Hay que divertirse.
La prosa es penosa. ¡Oh, Dios! Me muerdo el labio y pongo los ojos en blanco solo de pensarlo (vaya, ya he usado el 80 por ciento de su vocabulario). Yo no soy Premio Nobel de literatura ni aspiro serlo, pero hasta mi hijo de siete años tiene mejor prosa que E. L. James. Ya te advierto que en mi novela vas a encontrar frases subordinadas, fluidas pero largas, que no todo cerebro humano puede digerir. No te asustes, no soy Marcel Proust; con un poco de cultura y si eres una lectora media, podrás perderte en mi historia sin atascarte, pero por advertirlo que no quede, ¿eh?
Y si, después de leer el prospecto de mi medicamento contra el aburrimiento y de haber aceptado sus efectos secundarios, decides leer “Un amor a sus pies”, espero que la disfrutes. Y no se te olvide dejar un comentario en la plataforma donde la adquieras, incluso, mejor dicho, sobre todo si es una crítica, porque la opinión de mis lectores es fundamental para seguir mejorando.

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